Sierra de las Nieves, subida a Torrecillas

Y casi como inauguración de esta web, tengo el gusto de presentaros mi visión de lo que fué un día inolvidable en el campo organizado por la asociación el Sábado 20 de Febrero de 2010.
¡Cómo describiros en palabras el día tan extraordinario que hemos pasado!
Imposible. Creo que todos los asistentes estarán de acuerdo en que no existen palabras para describir esos bosques milenarios, esos ejemplares de los páramos helados, esa sensación de naturaleza en estado puro… Abajo os pongo las fotos.
Para los que desafortunadamente no pudieron asistir a la salida aquí os muestro y comento algunos de los momentos vividos.

Fotos de Antonio Lemus

Empezamos muy tempranito. A las 8 salimos desde Montequinto en dirección Ronda. Primero paramos en Algodonales a tomar un cafelito y allí se nos unieron Antonio Lemus y Lola. Continuamos hasta Ronda y de allí en dirección San Pedro de Alcántara tomamos un desvío a la izquierda que conducía por carretera en mal estado y pista forestal hasta el inicio de la Ruta. Sobre las 11:00 ya estabamos en marcha. Fue divertido ver cómo uno a uno iban cayendo los menos entrenados. Pero poco a poco todos fuimos tomando buen ritmo y pronto llegamos al corazón de una gran mancha de Pinsapos enooormes.

Se encontraban en un empinado valle sombrío en la cara norte de la montaña, como todos los bosques de Pinsapos que conozco. Los líquenes y el musgo les colgaban como pelambreras por todas partes. Por todos lados viejos troncos caidos y nuevos retoños tomando el relevo. Los más impresionantes se mantenían firmes con porte majestuoso mientras sus ramas colgaban hasta casi tocar el suelo. Pudimos ver multitud de estilos, madera seca curtida por la interperie y unos nebaris que quitaban el sentío. Continuando la ruta los pinsapos de más arriba estaban cubiertos de escarcha, que se fue transformando en nieve y témpanos conforme proseguíamos la ascensión. El suelo estaba cada vez más blanco y no pudimos evitar chapotear entre fangos y aguanieve. La ropa iba ya sobrando cuando de repente llegamos a lo alto del primer cerro. Allí se encontraban los árboles más bonitos que he visto nunca. Montones de Quejigos invernales que si no fuera por sus tamaños estarían ganando premios en las mejores exposiciones de bonsais. ¡¡Que troncos!! Moyoguis por todos sitios, y troncos de diámetros descomunales totalmente huecos por su interior. Incluso pudimos menternos en alguno de eso troncos.

Fotos de Luis

Todos eran maravillas naturales y perfectos. Formaban triangulos escalenos y disponían sus ramas al más puro estilo japonés y sus ápices tenían todo el aspecto de los que hace el maestro. Y por si fuera poca la belleza intrínseca de los ejemplares no podíamos contener la emoción y el gozo de verlos totalmente helados. El hielo seguía una orientación muy exacta en cada una de sus ramitas. Como huyendo del viento gélido.

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Al parar bajo sus copas te estremecías con el crujir de sus ramas heladas y te preguntas cómo puede ser que mantengan el vigor bajo tan duras condiciones. Sin embargo tenían todas las yemas turgentes y dando la impresión de que iban a reventar como palomitas de maíz a la más mínima.

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Atravesamos el páramo relativamente llano donde vivian los quejigos y comenzamos a subir por la falda del Torrecilla. Al poco nos detuvimos entre paisajes de rocas del tipo Torcal de Antequera y enebros enterrados en la nieve. Nos pusimos manos a la obra con los bocatas allí mismo. Bajo la primera cuarta de nieve, de cuando en cuando, metías el pie hasta la rodilla y pisabas un enebro que había escondido. Estuvimos un buen rato almorzando, tomando vino y cerveza y rodeados de un agradable olor a resina de enbro. Por fin levantamos el campamento y nos dividimos en dos grupos. Los que se volvían a los coches por la pista forestal y los que queriamos coronar el Torrecilla.

Fotos de Sergio

La subida fue dura. Casi toda la falda de la montaña tiene una pendiente de más de 45 grados. Eso, unido a que la nieve estaba demasiado dura, hacía que la subida fuera lenta y zigzagueante. Los enebros de allá arriba tenían un porte extremandamente rastrero y conservaban muchísima madera seca, pero por su tamaño se parecían mucho más a un bonsai que los Pinsapos y los Quejigos. Finalmente llegamos a la cima entre resoplidos y resvalones. 1929 metros. Creo que lo más alto que he subido andando. Un ratito de descanso y contemplación y empezamos otra vez la marcha para no enfriarnos demasiado. El descenso fué divertidísimo. Al maestro le dió un siroco y salió corriendo como si lo persiguieran los malos. Así que Rubén y yo salimos gastando suela detrás de el. Parece más peligroso cuando lo ves hacer que cuando lo haces. En todo momento sentí un control absoluto de la situación. Pegando saltos a veces de metros y clavando los pies en la nieve que amortiguaba el golpe muy suavemente. Veia a Rubén que me seguía los talones pegando unos vuelos como si llevara una tabla de snowboard. Plas plas pin pan.. hasta abajo y casi sin enterarnos y a una velocidad de vértigo. Mientras tanto, el maestro nos había sacado 500 metros y seguía con el siroco cuesta abajo que se las pelaba. Si tardamos más de una hora en subir ese trozo, creo que bajamos en 5 minutos. A llegar a bajo tuvimos que esperar un rato a los que venían andando como personas normales. Finalmente deshicimos todo el camino de ida y regresamos a los coches, donde el resto de compañeros daba buena cuenta de los víveres. En el coche, reventaito de vuelta, pero con una gran satisfación y ganas de repetir. Tanto es así que no he podido evitar redactar esta crónica nada más llegar a casa. Espero que para la próxima se animen los compañeros que hemos echado de menos.

Comments (1)

FredyFebrero 23rd, 2010 at 10:56

He tenido que reducir las fotos porque eran demasiado pesadas para la web. Lo ideal es subir imágenes de no más de 800 pixeles..

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